¿Sabías que los perros persiguen su cola por curiosidad, ejercicio, ansiedad, instinto depredador o porque tienen pulgas?
Cuántas veces nos ha tocado presenciar una escena de desastre en nuestra sala o cuántos memes hemos visto de inocentes y alegres perritos a los que les “explotaron” las almohadas o los muebles o las sillas. Un perro que está en casa todo el día sin salir a la calle y que no gasta la energía acumulada podrá convertirse en un destructor, en un huracán categoría 5. En estos años de trabajo con estas hermosas criaturas de colas incansables, me he topado con este tipo de situaciones donde los compañeros no humanos llevan cuatro salas roídas o comidas, un par de arbolitos de navidad desechos como si los hubieran pasado por una trituradora, una sala que cambia de lugar logrando una reorganización de la casa o una despensa mordisqueada y vomitada. Pero hay que entender que no es culpa de ellos, solemos buscar un perro activo, con mucha energía ya sea para jugar con los hijos o bien para protegernos y cuidar la casa o porque vimos al cachorro más fuerte y mandón de la camada y todo esto tiene repercusiones porque decidimos llevarnos a casa a un pastor belga que nos cuide o un border que juegue con los niños, pero los dejamos encerrados en casa al menos ocho horas y pretendemos que estén tranquilos sin siquiera sacarlos a caminar y mucho menos dedicar el tiempo a realizar un entrenamiento formal que fomente un carácter adecuado en nuestro compañero y tenemos que entender que al no hacer ejercicio, ni trabajar, entre otras acciones, el compañero no humano se aburre y es cuando empieza a destruir el coche, arrancar plantas con todo y raíz o arrasar con cualquier cosa que tenga a la mano o, mejor dicho, al hocico. Muchas personas, al vivir esto suelen amarrar al perro pero eso no soluciona el problema pues aunque ya no destruirá cosas dado que no las alcanza, se volverá peligroso el contacto, nuestro compañero podría presentar agresión por frustración ya sea que nos muerda a nosotros o a algún otro miembro de la familia. Amarrar a un perro está muy lejos de ser una solución aunque muchos “entrenadores” suelen manejar esta técnica para según ellos fortalecer o endurecer la mordida hablando de perros de seguridad, pero hay otras técnicas que no conllevan este tipo de maltrato para lograr dicho propósito.
Hay otras personas que se deshacen de sus perros, los abandonan, los sacan a la calle, los regalan, los mandan a refugios y esas acciones son viles porque un compañero no humano es familia.
¿Entonces qué hacemos?
El secreto mejor guardado de los entrenadores es acabar con esa energía acumulada con una sesión larga de ejercicio, el tiempo varía de acuerdo a cada individuo y al nivel de energía de nuestro compañero no humano. Posteriormente no debemos permitir que se vuelva a acumular más energía y, además, hay que trabajar formalmente con su obediencia básica. También nos podemos ayudar con diferentes juegos de estimulación sensorial y de estos juegos hablaremos en otra semana.
Y recuerda: NO BASTA CON QUERERLO COMO ÉL A TI.
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