El Indeseable Número 1 del Adiestramiento Canino

Sí, lo acepto. Soy el indeseable número uno para la mayoría de los “adiestradores” de este país. El incómodo. El que nadie quiere tener cerca en un evento, en una charla, en un grupo. ¿Por qué? Porque no tengo pelos en la lengua, y porque tengo lo que muchos no: huevos para decir la verdad aunque no guste.

Y la verdad es esta: gran parte de lo que se hace en el gremio del adiestramiento canino en México es maltrato animal disfrazado de técnica. Así, con todas sus letras.

No, no es “corrección”, no es “control del impulso”, no es “dominancia”. Es miedo. Es dolor. Es represión. Es gente que se llena la boca hablando de amor a los perros mientras los ahorca con collares de púas, los electrocutan o los revientan a gritos y golpes. Y luego tienen el descaro de llamarse “profesionales”.

Yo no vine a este mundo a ser parte del club de los hipócritas. Vine a trabajar con perros desde la ética, desde el respeto, desde el entendimiento. Sí, entreno perros de trabajo. Sí, entreno perros de guardia, protección civil real y perros que, si hace falta, se rifan por ti. Pero eso no justifica jamás el abuso. Jamás.

¿Te incomoda lo que digo? Perfecto. No estoy aquí para hacer amigos. Estoy aquí para defender a los perros que no pueden hablar, a los que terminan jodidos por las manos de gente que nunca debió tocar un animal. Estoy aquí para hablar por todos esos perros que son rotos en nombre del “control”. Para eso estoy. Y por eso molesto.

No me importa que me cierren las puertas, que me bloqueen, que hablen mierda de mí en lo oscurito. Yo seguiré diciendo lo que nadie se atreve a decir: si necesitas causar dolor para adiestrar, no eres un adiestrador, eres un cobarde y un abusador con uniforme.

Y si esto te pica… será porque te queda el saco.

¿Te arde lo que leíste? Pues ráscate con argumentos.
Aquí estoy, y no me voy a callar.